Son tiempos de confusión. De periodismo, en parte, injustamente atacado en la crítica generalizada; pero justamente cuestionado por la falta de compromiso y la demasiada obvia genuflexión al poder. Tiempos de diferenciar entre lo que es un periodista y lo que es una empresa de medios de comunicación masiva a escala nacional o global.
Desde el pueblo debemos mirar con agudeza y claridad quien es quien en este mundo como para no ser injusto con todos.
Desde el periodismo empecemos de una vez por todas a perder, al menos un poco, los miedos que nos callan. Al pueblo: Les pido, diferencien entre muchos de los medios de ciudades chicas del interior, solitarios, a pulmón, hecho por vecinos suyos; y los medios masivos de comunicación nacional e internacional, monopolizadores y perpetuadotes de un sistema que no quiere cambiar.
A los colegas periodistas de los medios del interior: No ser meros repetidores de las noticias que provienen de los medios masivos de comunicación (¿o debiera decir “de persuasión?). No ser viles servidores de un poder que los está usando como pequeñas sucursales que garantizan su perpetuidad.
Al pueblo: Indaguen, busquen, exíjanle a los comunicadores locales que dentro de la agenda incluyan la información sobre las grandes empresas de comunicación nacional e internacional. Por favor busquen las diferencias. Porque una cosa es Clarín cuyo casi 15% es de Goldman and Sachs (también averigüen qué es la Goldman and Sachs) y otra es la radio de tu pueblo que se sostiene gracias a comercios locales, sean grandes, medianos o chicos; o que sobrevive por el propio bolsillo de los mismos laburantes del medio; o en el caso de los medios comunitarios, sostenidas -en algunos casos- con la ayuda del mismo barrio.
A los colegas: Dentro de la agenda incluyan la información sobre las grandes empresas de comunicación nacional e internacional. Cuéntenle al pueblo quien es quien y cuales son los hilos del poder.
Al pueblo: Es muy duro para cualquier laburante escuchar que se generalice en la crítica cuando se encuentra puntualmente a un corrupto dentro de ese ámbito. Rodolfo Walsh o Dante Panzeri eran periodistas, pero Fernando Niembro y Mauro Viale también lo son.
A los colegas: Seguimos siendo seres libres, con el único límite que nos ha trazado el sistema: el miedo a la miseria, el miedo a quedarnos sin trabajo y volver sin el pan a casa. Pero es una profesión de riesgo. Ese es uno de sus riesgos. Debemos saberlo desde que la comenzamos a practicar.
Al pueblo: Laburen junto al periodista comprometido de su ciudad. Llámenlo, envíenle correos. Exíjale en buenos términos el compromiso social y trabajen juntos, codo a codo.
A los colegas: Sean parte del pueblo. No se pongan en un pedestal. El único privilegio es el de multiplicar ¿nuestra opinión? ¿Multiplicar la construcción de la realidad que hacemos a través de la agenda que planteamos? No. Multiplicar la voz del pueblo, la del humilde, la del no escuchado, la del que no tiene voz… esa es la única voz que nos va a salvar.
Juan Manuel Pralong